Bandung y el comienzo de nuestra historia de amor con Indonesia

(English version below)

Todo comenzó al dejar atrás Yakarta, esa capital que no fue muy amable con nosotros y que, incluso, nos hizo explotar. Tomamos un tren rumbo hacia Bandung, una ciudad de paso que nos serviría para descansar y seguir el largo camino hacia el este de Java.  Lo que no sabíamos, es que la vida nos tenía preparados unos días llenos de risas, amor en todas sus formas y vivencias que nunca imaginamos tener viajando por este lado del mundo.

El tren no había recorrido muchos kilómetros cuando ya empezábamos a ver ese verde nítido que inunda este país. Arrozales por doquier, palmeras y paisajes de belleza infinita. Estábamos atravesando la isla de Java en tren y la emoción nos desbordaba. Atrás quedaron esos días intensos en Yakarta, una metrópolis furiosa a la cual nos costó mucho entender.

Bandung, Indonesia
Bandung, Indonesia

En Bandung nos aguardaba Hera, la dueña de la homestay que elegimos para alojarnos, y que sin si quiera imaginarlo, se convirtió en nuestra amiga y pieza clave de nuestras experiencias en Asia.

Desde el primer zumo compartido con nuestra anfitriona, la química surgió y a través de ella pudimos ver a todo el pueblo indonesio. Ese pueblo amable, humilde, grandioso. Fue Hera nuestra puerta de entrada a todo lo bonito que Indonesia tenía guardado para nosotros y no nos cansaremos nunca de agradecerle todo lo vivido.

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Con Hera, nuestra anfitriona en Bandung

Tuvimos largas conversaciones sobre cultura, compartimos meriendas, tés, cenas e inquietudes. Ella nos habló de su religión, nosotros le contamos sobre Venezuela y España. Nos mostró su ciudad, de la cual se siente orgullosa, y compartimos ideas acerca de los colonos holandesas que se instalaron en Indonesia hace muchos años.

Gracias a Hera, vivimos uno de los momentos más gratificantes y auténticos de nuestro viaje; esos momentos que no puedes comprar con dinero y que se quedarán contigo para siempre. Vivencias que hacen que todo esfuerzo por venirse al otro lado del mundo, valga la pena.

Hera no solo es una increíble anfitriona, sino que es profesora universitaria y también tiene un club de inglés gratuito para niños pequeños de su vecindario que no pueden permitirse pagar unas clases privadas. Una tarde nos invitó a una de sus clases y en menos de lo que imaginamos nos vimos sentados en el suelo, riéndonos a carcajadas con esos niños adorables y enseñándoles canciones en español.

Enseñando español a niños en Bandung, Indonesia
Enseñando canciones en español a los niños

A medida que avanzaba la tarde, me costaba más creer todo lo que pasaba a nuestro alrededor. Estar en casa de una familia indonesia, compartiendo con niños, enseñando nuestra cultura mientras ellos nos enseñaban la suya sin siquiera saberlo, fue mágico. Es lo que tiene viajar, y sobre todo, viajar lento y sin expectativas. El mismo recorrido irá tomando su curso y te regalará experiencias que nunca imaginaste.

Al día siguiente, como si lo de los niños hubiese sido poco, Hera nos invitó a conocer la universidad donde imparte clases a estudiantes de farmacia. Una vez más, acabamos en una celebración, rodeada de estudiantes universitarios que nos recibieron como si de estrellas de cine se tratara. Nos invitaron a una especie de talk show y terminé sentada en un panel con profesores, donde hablé de nuestra experiencia recorriendo el Sudeste Asiático y qué nos había impulsado a cumplir nuestro sueño.

Con estudiantes universitarios en Bandung, Indonesia
Con los estudiantes y profesores de la Facultad de Farmacia

Aún pienso en esos días y se me eriza la piel. Me quedo corta en agradecimientos hacia toda la gente que hizo posible que viviéramos experiencias que marcaron, no solo este viaje, sino nuestra vida. Esa gente que nos dio la bienvenida a lo que luego serían 2 maravillosos (y lamentablemente muy cortos) meses en Indonesia. Esa gente que nunca nos preguntó o cuestionó nuestras creencias políticas o religiosas; esa gente que rió con nosotros, que nos abrazó sinceramente y que nos alimentó el corazón como pocas cosas lo han hecho.

Gracias, Hera. Gracias, Indonesia.

Este post está dedicado a Hera, su hermano, todos sus alumnos y los profesores de la Facultad de Farmacia.

English version

Bandung and how our love story with Indonesia started

It all started when we left Jakarta, the capital city of Indonesia that was not very kind to us and even made us burst out. We took a train heading to Bandung, the city we chose to rest for a few days and continue the long road to the east of Java. We did not know that life had prepared us a few days filled with laughter, love in all its forms and experiences that we had never imagined we could have while traveling.

Some kilometers away from Jakarta, we began to see that crisp green sceneries that fill this country. Paddies everywhere, palm trees and landscapes of endless beauty. We were crossing the island of Java by train and excitement overflowed us. Gone were those intense days in the capital, a raging metropolis that was so hard for us to understand.

In Bandung, Hera awaited us; she is the owner of the homestay that we chose to stay in, and without even imagine it, she became our friend. From the first juice shared with our hostess, we felt like something special was growing between us and through her we were able to see the whole Indonesian people. That friendly, humble, great people. Hera was our gateway to all the amazing things that Indonesia had saved for us and we cannot thank her enough!

We had long conversations about culture, shared snacks, teas, dinners and concerns. She told us about her religion, we told her about Venezuela and Spain. She showed us her city, which she is ver proud of, and taught us about Indonesian history.

Thanks to Hera, we experienced one of the most rewarding and authentic moments of our trip. Those moments you cannot buy with money and that will stay with you forever. Experiences that make every effort to travel across the world worthwhile.

Hera is not only an amazing hostess; she’s also a university professor who, in addition to that, has a complimentary English Club for young children who cannot afford a private school. One evening she invited us to one of his classes and in less than we could think we were sitting on the floor, laughing out loud with those adorable children and teaching them songs in Spanish.

As the afternoon evolved, we could hardly believe everything that was happening around us. Being at an Indonesian family’s home, sharing with children, teaching our culture while they, at the same time, were teaching us theirs without even knowing it, was pretty magical. These are the things you get when you travel, especially, when traveling slow and without any expectations. The route will take its own course and you’ll be given experiences you never imagined.

The next day, as if the English class with the children hadn’t been enough, Hera invited us to see the Faculty of Pharmacy where she teaches. We were, again, living a kind of dream, surrounded by beautiful university students and lovely teachers. We were invited to a sort of “talk show” where I ended up sitting on a panel with professors, and I got to talk about our experience traveling Southeast Asia and what had encouraged us to fulfill our dream.

We still think about those days and we feel thrilled. We cannot thank enough to all the people who made it possible for us to live experiences that marked, not only this trip, but our entire life. Those people who were the beautiful beginning to our 2-month stay in Indonesia. Those people who never asked or questioned our political or religious beliefs; those people who laughed with us, who sincerely embraced us and fed our hearts as few things in this world have.

Thank you, Hera. Thank you, Indonesia.

This post is dedicated to Hera, her brother, her students and the teachers of the Faculty of Pharmacy in Bandung.

 

Ruta gráfica: Singapur y sus luces

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en Singapur esta premisa se cumple a rajatabla. Es imposible negar lo fotogénico que es este país, y de noche, cuando miles de luces se encienden, brilla aún más. Se hace difícil transmitir la grandeza y belleza de los paisajes, pero hicimos nuestro mejor intento para capturar algunos de los momentos más bonitos de Singapur de noche. 

Skyline de Singapur
Skyline de Singapur

Skyline de Singapur

Gardens by the Bay de noche
Gardens by the Bay de noche
Gardens by the Bay de noche
Los impresionantes edificios “Cloud Forest” y “Flower Dome”
Teatros de la Bahía en Singapur
Teatros de la Bahía

Singapur de noche

Parte del skyline de Singapur
Parte del skyline de Singapur

Parte del skyline de Singapur

Parte del skyline de Singapur
El Museo de Arte y Ciencias al fondo

Parte del skyline de Singapur

Parte del skyline de Singapur
El gran complejo Marina Bay Sands de noche

 

Nota: todas las fotos publicadas en este blog son propiedad de lamochilainfame.com. Si quieres hacer uso de alguna de ellas, por favor, ponte en contacto con nosotros.

 

Singapur: el niño adinerado del Sudeste Asiático

Singapur, ese minúsculo país en medio del Sudeste Asiático que parece un parque temático. O por lo menos así nos sentimos al visitarlo durante unos cuantos días. El territorio está dividido en cinco consejos pero la mayoría de los visitantes se concentran en la Ciudad de Singapur, su capital. Cuando pensamos en ella recordamos por encima de todo, la limpieza de sus calles y la magnitud de sus edificios.

Museo de Arte y Ciencias de Singapur
Museo de Arte y Ciencias de Singapur

Visitar Singapur en el medio de un viaje por los países del sudeste de Asia significa un respiro. Es esa Asia organizada, limpia y ordenada que agrada a todo el mundo. Es un lugar con modernidad a rabiar, en el cual no sabes dónde acaba un edificio y empieza el otro.

Hotel Oasia en Singapur
Rascacielos por doquier
Singapur de noche
Singapur de noche

Puede que su excesiva organización llegue a encandilar o llevarte a pensar que está todo mecanizado. Tal vez gran parte lo esté, pero sigue habiendo esencia. No hay que olvidar que Singapur formó parte de Malasia hasta 1965 y, como el anterior país al que perteneció, está lleno de riqueza cultural y tradiciones.

Barrio Chino de Singapur
Parte del Barrio Chino de Singapur
Little India en Singapur
Colores de Little India

Creemos que la ciudad puede no ser del gusto de todos, especialmente de aquellos que buscan entornos naturales y alejarse del concreto, pero también creemos que vale la pena visitarla y dejarse cautivar por las maravillas hechas por el hombre, las cuales abundan.

Buddha Tooth Relic Temple en Chinatown
Buddha Tooth Relic Temple en Chinatown

Los famosísimos Gardens by the Bay son la mezcla perfecta entre arquitectura moderna, sostenibilidad medioambiental y arte. A través de este paraíso repleto de plantas, flores, insectos, edificios inteligentes y esculturas en forma de árboles que captan y almacenan energía solar, Singapur intenta mostrar una cara más amable, un lugar en el cual respirar aire limpio entre tanto asfalto y construcciones. Estos jardines son una muestra de cuán posible es usar la tecnología de manera responsable y en favor del medioambiente.

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Gardens by the Bay
Orquídeas en los Gardens by the Bay
Orquídeas en los Gardens by the Bay

Singapur es también un lugar imprescindible para entender lo rápido que avanza el mundo estos días y lo peligroso que puede ser llevar un país como si de una gran empresa se tratara, en donde, como ya sabemos, los grandes beneficiados son unos pocos. Como todas las ciudades y países desarrollados, esconde una cara oscura que incluye gobiernos totalitarios, leyes duras en contra de los homosexuales, secretismo bancario, inmigrantes mal pagados y negocios en negro, entre otros. Las multas también abundan, aunque parecieran ser la razón principal por la cual todo marcha tan bien, al menos a simple vista.

Vista nocturna del Hotel Marina Bay y el Museo de Arte y Ciencias
Vista nocturna del Marina Bay Sands que alberga el casino más costoso del mundo

Queda de parte de cada uno elegir cómo leer al país más pequeño del Sudeste Asiático. Es una opción personal querer ver sólo la superficie o profundizar mucho más y cuestionarse, como nosotros, si el camino elegido para convertirse en uno de los países más ricos del mundo es el más legítimo.

Edificio del Cloud Forest en Gardens by the Bay
Edificio del Cloud Forest en Gardens by the Bay

Si quieres ver más fotos de Singapur, puedes visitar nuestra Ruta Gráfica: Singapur y sus luces.

Que no me saquen de Bantayan

No dejaba de pensar en Gili Air, aquella isla soñada de Indonesia donde los días pasaban lentos y perfectos. Aún sigo pensando en ella y queriéndola, solo que ahora ese amor es compartido y mi corazón se ha expandido para abrirle hueco a Bantayan, la isla de Filipinas donde se quedó un parte de mí.

Isla de Bantayan, Filipinas
Llegando a la isla de Bantayan en ferry

“No sé qué tiene este lugar que me gusta tanto”, solemos decir a veces, pero con la isla de Bantayan me pasa justo lo contrario; sé lo que tiene y no sé por dónde empezar a describir todo eso que hace que me guste, en efecto, tanto.

Será su playa mágica, la más bonita que he visto nunca, que parece una laguna. Esa arena blanca que recuerda a la harina y te masajea los pies cuando caminas por ella. O serán sus calles apacibles, casi desiertas a las horas donde el sol más aprieta. Tal vez será esa karindería donde comíamos a diario y ese chicken adobo con un sabor intenso que me inundaba el paladar.

Santa Fe, Bantayan, Filipinas
¿Cómo no querer quedarse en esta playa?

Creo que puede ser también esa comunidad de ex patriados amables que se alojaron aquí y vinieron a inyectarle amor a esta isla a la par que brindarle riqueza cultural con sus pizzas, gyros y cervezas alemanas.

Las tranquilas calles de Santa Fé en Bantayan
Las tranquilas calles de Santa Fé en Bantayan

Puede que la laguna que se forma en medio de las pequeñas dunas de arena tenga también un poco la culpa de que no quisiera irme de allí. Aunque pienso en los atardeceres y ese cielo color fucsia y tal vez tengan también algo que ver en lo rápido que me latía el corazón en esta isla.

Paisajes de postal en Bantayan

Atardecer en la playa. Bantayan, Filipinas
Bantayan y sus atardeceres de escándalo

Me sentí como una niña cada tarde en la que compartía el agua clara con cientos de estrellas de mar. Se quedará en mi para siempre el recuerdo de que fue aquí la primera vez que vi, no solo una, sino muchas de ellas. Se nos iban las horas ayudando a volver a aquellas que se quedaban varadas en la orilla y viéndolas cómo adornaban el paisaje con sus colores.

Estrellas de mar en Bantayan, Filipinas
Estrellas de mar sumergidas en el agua, como siempre deben estar

Vinimos a Bantayan con planes cerrados, nos quedaríamos seis días para luego tomar rumbo a Malapascua. Fue la primera vez en cinco meses de viaje que dudé tanto irme de un lugar. Aún así nos fuimos y cuatro días más tarde, volvimos. Y es que cuando se viaja, no siempre se trata de la cantidad de lugares que conozcas, sino de la calidad del tiempo que pases en cada uno de ellos. Aquí me sentí tranquila, bienvenida, plena.

Playa en la isla de Bantayan, Filipinas
@sannevita en su isla favorita
Increíble playa en Filipinas
@tortoluis en una de las playas más bellas que hemos visitado

Si te gusta un lugar y tienes la oportunidad de volver, no lo dudes, vuelve. El sitio te lo agradecerá y sus lugareños también. Tu presencia allí es la muestra de amor más grande y sincera que pueda haber. Siempre habrá muchísimos más lugares por visitar, pero volver a alguno que ya conoces tiene un encanto especial. Por eso estoy de nuevo en Bantayan, porque no quería que me sacaran de aquí, porque me enamoré de este pedazo de Filipinas y tenía que venir a decírselo.

mejores playas de Filipinas

Bantayan, Filipinas
La tranquilidad de Bantayan