Tailandia: vivir la saturación

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de Tailandia. Es un país turístico por excelencia, pero afortunadamente, cada viajero, cada turista, cada visitante es único y así mismo lo es su experiencia. Nosotros hemos venido a vivir el país a nuestra manera, dejándonos empapar de todo aquello que esta esquina del mundo quiera lanzarnos.

Postales de Tailandia
Tailandia inspira

Tailandia no es solo historia y religión. Tailandia es saturación de colores, aromas, sensaciones. El sentido de la estética existente en este país es apabullante. Prestar atención al más mínimo detalle aquí es una regla, que la aplican desde la señora que vende dulces en su humilde puesto callejero, hasta los restaurantes más elegantes.

Wat Phan Tao, uno de los templos más bellos de Chiang Mai
Wat Phan Tao, uno de los templos más bellos de Chiang Mai

Bangkok, Tailandia

En Tailandia se siente la fascinación por el color en cada esquina. Telas con estampados vibrantes, flores con tonos que te dejan helado. Aquí, todo parece que ha sido pasado por un filtro de color. Al fin y al cabo, si algo tiene el trópico, es su bondad a la hora de regalar diversidad, naturaleza y luz.

Orquídeas tailandesas
Detenerse a ver las flores siempre es buena idea

La dedicación mostrada por el tailandés en cada diseño, en cada patrón, en cada mural de cada templo te habla de su carácter. El cuidado de las líneas, de los materiales, de las formas, hace que viajar por este país sea un shot de energía para la mente y el espíritu.

Interiores de un templo en Bangkok
Interiores de un templo en Bangkok

No es de extrañar que el arte forme parte esencial de la cultura cuando la naturaleza que rodea al país es ferozmente bella. El tratar de imitarla siempre da paso a un gran abanico artístico que el tailandés bien ha sabido preservar.  Aquí la espiritualidad y la madre tierra se convierten en una musa perfecta.

Playa en Krabi Tailandia
Railay, Krabi

Aquí hasta el más dormido encuentra inspiración, ya sea viendo, oliendo o sintiendo; hay miles de maneras de dejarse llevar. Si algo me ha enseñado mi paso por este verde país, es a entregarme. Sentir cómo cruje una masa frita rellena de cerdo, cómo te enfría la sien el smoothie de mango o cómo se te eriza la piel con la acidez del tamarindo; los sabores de Tailandia nublan la mente. Oler las flores, caminar las calles más recónditas, sonreírle a todos ya que seguro alguno, o más de uno, te devolverá la sonrisa.

Colores de Tailandia
Colores de Tailandia

No importa si no eres una persona de fe, admirar cómo cada tailandés vive la suya es sinónimo de respeto. Es darte cuenta que cada ser humano vive con su verdad y nadie debe juzgarla.  Abrirse a todos los dioses venerados, observar que la fe, aunque no la veamos o la sintamos, para muchos, sí que puede mover montañas.

Ayutthaya Tailandia
La antigua ciudad de Ayutthaya
Gran Buda reclinado en Wat Pho, Bangkok
Gran Buda reclinado en Wat Pho, Bangkok

Tailandia para mí siempre será ese trópico abarrotado de arte budista y con monos viviendo a sus anchas, ese primer contacto con este continente asiático tan ansiado por años; ese paseo mágico entre elegancia, tradición y religión. La intensidad de este país se te queda plasmada en la mente, en la piel, en el corazón. Estando aquí eres testigo de cómo todo lo que nos rodea proyecta color cuando le da la luz. El color es sinónimo de movimiento, de encanto, de vida. Y si algo tiene el Reino de Siam, es eso, mucha vida.

Monos en Railay
Monos libres por las playas de Railay

Pagoda en templo de Chiang Mai, Tailandia

 

Malaca, la niña bonita de Malasia

El nombre de Malaca me remonta a las clases de historia universal en el colegio. Me es inevitable no pensar en el famoso Estrecho de Malaca, esa ruta de navegación que ha sido tan importante para el comercio mundial desde hace tantísimo tiempo. Por este estrecho pasan cada año miles de buques transportando desde café hasta petróleo. Gracias a su posición privilegiada en el mapamundi y a ese intercambio de mercancía durante años, en esta ciudad del sur de Malasia desembarcaron comerciantes de todas las partes del mundo.

Iglesia en el centro de Malaca
Centro de Malaca, donde se erige la iglesia anglicana más antigua de Malasia

Hace ya varios siglos, todos los navegantes y conquistadores en busca de expandir sus territorios se interesaban en ella, así que muchos intentaron tenerla bajo su dominio. Por esta ciudad malaya pasaron los chinos, los portugueses, los holandeses y finalmente los ingleses. Todos dejaron su huella, algunas más grandes que otras, pero huellas al fin. Es esa intensa e interesante mezcla lo que define a Malaca. Cada cultura se ve reflejada bien sea en un plato de comida o en la arquitectura de sus casas.

Calles de Malaca, Malasia
Encantadoras calles del centro de Malaca

Esta ciudad, parece una niña bonita, toda arreglada y guapa por muchas esquinas. Su centro histórico, con esos edificios color terracota, deslumbran. Su río, limpio y brillante, atraviesa la ciudad y la refresca. Su barrio chino es puro color, con sus tiendas repletas de caramelos glutinosos, white coffee y pastas de té. Puede que a ratos se muestre demasiado turística, pero es normal que muchos quieran venir a ver a esta niña malaya.

Río en Malaca, Malasia
Vistas del río al atardecer
Ciudad de Malaca y su río
Más vistas del río y murales de street art

Malaca figura en la lista de ciudades declaradas patrimonio mundial por la UNESCO. En ella  puedes ver iglesias cristianas al más puro estilo colonial holandés, templos chinos con sus pagodas rojas y mezquitas que se erigen sobre el agua. Si te alejas un poco del centro histórico, te toparás con unos gigantes centros comerciales, de esos que tanto gustan a los mayalos, con sus aires acondicionados que hielan y techos que parecen llegar al cielo. También puedes comer pescado a la parrilla con sabores portugueses, fideos salteados en wok y currys indios servidos sobre hojas de plátano.

Banana leaf rice en Malaca
Plato típico del sur de la India: “Banana leaf rice”

Si hay una ciudad que refleje a la perfección la gran diversidad de Malasia, es esta niña guapa que mira al mar y que ha visto llegar, durante décadas, gente de todos los rincones del mundo. Hoy en día lo sigue haciendo, recibiendo a hordas de turistas chinos que vienen a deleitarse con todos los productos que se puedan imaginar hechos a base de durián, mochileros europeos que atestan las encantadoras guest houses y familias enteras que llegan para maravillarse con la enorme mezcla de culturas.

Malaca de noche
La ciudad y su río se visten de luces por las noches

Desde las viejas fachadas con caracteres chinos, pasando por los restaurantes indios con sus bandejas llenas de guisos fragantes, hasta la majestuosa arquitectura de una mezquita sobre el mar, Malaca te contará lo que una vez fue y sigue siendo este maravilloso país.

Mezquita flotante de Malaca
Mezquita del Estrecho de Malaca