Esa fiera llamada Bangkok

Está en boca de muchos, aparece en cientos de guías, te hablan de ella y ves sus fotos, pero no sabes quién es hasta que llegas y la sientes. Bangkok es una urbe feroz, a veces indescriptible, que logra atraparte sin que te des cuenta. Mientras caminas por sus calles te confundes, pasas del amor al odio en segundos y piensas: ¿Cómo se puede ser tan oscura y a la vez tan encantadora?

Calles de Bangkok
Calles de Bangkok

Esta ciudad tiene mucho poder; poder de engancharte, poder de sorprenderte y también poder de traerte abajo a ratos. Nadie podrá nunca negar que está plagada de rincones sucios, oscuros, raros. Su olor se hace a veces insoportable pero te ayuda a recordar en dónde estás; en una urbe que lucha por mantener sus raíces intactas a la par que construye rascacielos a un ritmo frenético.  Es la capital de un país que se debate entre el desarrollo, la corruptela, el turismo desbordado y años de tradición.

A pesar de sus esquinas oscuras, Bangkok está plagada de templos ornamentados, doradas y brillantes estatuas, construcciones magníficas y orquídeas a lo largo de muchos caminos. Es una ciudad a la que definitivamente siempre querrás volver.

Budas en Wat Pho
Budas en el templo de Wat Pho

Si hay algo que define a Bangkok, es la comida callejera. El festín es incesante, y hasta el más escéptico acabará rendido a los pies de cada puesto de comida. No importa la hora, no importa la zona, no importa el momento, esta ciudad nada entre frutas, snacks, woks calientes, fideos caseros y todo lo que se te ocurra. Es aquí, en Bangkok, cuando entiendes por qué todos hablan de la comida asiática, de su fuerte presencia en todo el mundo y de sus sabores explosivos que no dejan a nadie indiferente.

Hay mercados nocturnos, restaurantes humildes, restaurantes lujosos, ferias de comida, festivales, pequeños carritos, señoras en las esquinas y pare usted de contar. Aquí huele a comida todo el tiempo.

Beef noodles soup
Sopa de fideos y carne

Para empaparse bien de esta urbe, no hay nada mejor que caminarla, adentrarse en rincones donde nunca pensaste que podías adentrarte. Deja que su calor húmedo, a veces asfixiante, se apodere de ti, que los olores te guíen y que su gente te sonría.

Maravíllate con esa mezcla de templos, edificios de cristal, casas abandonadas y roídas por el tiempo. Sus cables de electricidad, juntos en un enredo que pareciera no tener fin, son la metáfora perfecta de la vida en la ciudad. Mezcla y desorden dentro de un orden que solo sus habitantes entienden.

Bangkok vibra, y si te dejas llevar, vibrarás con ella.

Atardecer en Bagkok
Atardecer a orillas del río Chao Phraya
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